El niño Masturbador Una problemática de los siglos XVIII y XIX




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TítuloEl niño Masturbador Una problemática de los siglos XVIII y XIX
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El niño Masturbador

Una problemática de los siglos XVIII y XIX1


Violeta Vicente Miguelez


Índice



  1. Introducción……………………………………………………………… 3

  2. El dispositivo de la sexualidad y la figura del niño masturbador…... 3

  3. La problemática del niño masturbador………………………………… 8

  4. Aportes de Laqueur a esta problemática ………………………………10

  5. Freud y su concepción acerca de la masturbación……………………13

  6. Conclusiones………………………………………………………………14

  7. Bibliografía…………………………………………………………………15



Introducción

En este trabajo vamos a abordar la problemática del niño masturbador desde una visión alternativa a la tradicional. Por esta razón vamos a trabajar con los textos de dos autores, Foucault y Laqueur, que realizaron una historia de la masturbación moderna, intentando explicar cómo y por qué surge esta a principios del XVIII y continúa hasta finales del XIX, qué factores intervienen y que cambios sociales se producen. Todo este será el hilo conductor de estas dos historias que desembocan en finales muy distintos.

Por último, examinaremos la cuestión de la masturbación en Freud y, sobre todo, en los inicios de su obra.


El dispositivo de la sexualidad y la figura del niño masturbador

“El dispositivo de la sexualidad”2 es el capítulo 4 del primer tomo de Historia de la sexualidad, donde aparece mencionada la figura del niño masturbador. Antes de profundizar sobre este capítulo, vamos a realizar una breve reseña histórica del autor de este libro, explicando cual fue el interés principal que lo llevo a investigar acerca de la sexualidad y comentaremos –también de manera breve- los capítulos anteriores al cuarto.

Foucault fue un filósofo, historiador y pensador francés del siglo XX, muy influyente en su época. Llevo a cabo varios análisis acerca de los mecanismos de poder y de control social desde una perspectiva innovadora. En una entrevista, Foucault definió lo que hacía como “una genealogía de los problemas y de las problematizaciones”3 y no cómo una búsqueda de soluciones y alternativas plausibles que los resolvieran. Indicando que, sin embargo, su actitud no era indiferente, sino que invitaba a la reflexión y conducía al activismo, aunque no dejaba excluido al pesimismo.

Eligió el tema de la sexualidad, no porque le interesara particularmente la sexualidad en sí, sino porque buscaba investigar cómo se articulaba esta con las técnicas del poder y qué saber construía. Sus tres últimos libros comienzan a relatar una Historia de la sexualidad, una historia que iba a contar con seis tomos, proyecto que Foucault no logró concretar a causa de su muerte. El primero de esos tomos, “La voluntad de saber”, escrito en 1976, busca examinar y repensar la cuestión del poder. Este libro ubica un punto de inflexión en la obra del autor, pues en él se observa un giro de pensamiento acerca del tema del poder. En una entrevista de 1977, Foucault explicó este viraje de la siguiente manera:

Hasta cierto momento yo aceptaba la concepción tradicional del poder: el poder como un mecanismo esencialmente jurídico. Lo que dicen las leyes, lo que niegan o prohíben, con toda una letanía de efectos negativos: exclusión, rechazo, barreras, negaciones, ocultaciones, etc. Pero ahora considero inadecuada esa concepción.4

Un poco más adelante en esta misma entrevista, manifestó que esta concepción negativa del poder jurídico basado en las leyes le resultaba limitada para explicar algunas cuestiones, entre ellas la sexualidad, y que, por ende, había que construir una nueva analítica de poder que no tomara al derecho jurídico como modelo. Propuso que el análisis del poder se hiciera en “términos de tecnología, en términos de táctica y de estrategia.”5 El poder ya no debía ser pensado como unifocal y en una única dirección desde arriba hacia bajo, como si toda relación fuese una “pura y simple proyección del poder soberano sobre los individuos”.6 La nueva concepción de poder debía concebirlo heterogéneo, pues este actuaba desde distintos niveles y formas que rebasaban al Estado y a sus aparatos. Ya no se trataba del Poder Supremo del soberano, sino de una multiplicidad de relaciones de fuerza bien distintas unas de otras. Asimismo, otra diferencia con la concepción tradicional del poder es que estos nuevos mecanismos son positivos en el sentido de que producen discursos y saber.

Por consiguiente, en este primer volumen de Historia de la sexualidad, Foucault comienza rechazando la hipótesis represiva propuesta por Wilhelm Reich, entre otros. Esta hipótesis determinaba que entre sexualidad y poder se establecía una relación de represión, que es sostenida por -y al mismo tiempo sostén del- sistema capitalista. Esta hipótesis suponía que a partir del siglo XVIII el sexo estaría “reprimido, es decir, destinado a la prohibición, a la inexistencia y al mutismo”7, con el propósito de que, al limitarlo en el discurso, se lo dominara en lo real. La censura del sexo tendría un fin práctico: como el capitalismo necesitaba una fuerza de trabajo constante, era necesario limitar la actividad sexual para que toda la fuerza y energía que ella conllevaría se aplicara al trabajo y mejorara su productividad. Entonces quien se animara a producir discursos sobre la sexualidad estaría resistiendo contra este poder represor y opresivo y formaría parte de un incipiente movimiento de liberación que se concretaría en un futuro.

Foucault discute con esta hipótesis a partir de la formulación de tres preguntas. Una propiamente histórica: “¿La represión del sexo en verdad es una evidencia histórica?”. Otra de carácter histórico-teórica: “La mecánica del poder, y en particular lo que está en juego en una sociedad como la nuestra ¿pertenece en lo esencial al orden de la represión?”. Y, por último, una tercera pregunta histórico-política: “El discurso crítico que se dirige a la represión, ¿viene a cerrarle el paso a un mecanismo de poder que hasta entonces había funcionado sin discusión o bien forma parte de la misma red histórica de lo que denuncia (y sin duda ‘disfraza’) llamándolo ‘represión’?”8

En cuanto a si hay evidencia histórica que confirme está hipótesis, Foucault cree que no. Si bien había ciertas restricciones en cuanto en dónde y con quien se podía ejercer la sexualidad, había una multiplicidad de discursos acerca de esta. Por lo tanto, más que tratarse de una prohibición, se trataba de una serie de normas y restricciones que -de todas formas- no silenciaban el discurso sobre el sexo, sino que -al contrario- lo intensificaban. Además, si se piensa esta represión en función de la conservación de una fuerza de trabajo eficaz, habría que suponer que los controles de la sexualidad estuvieron destinados en mayor medida a la clase obrera. Sin embargo, esto no fue así: “…al contrario, las técnicas más rigurosas se formaron y, sobre todo, se aplicaron en primer lugar y con más intensidad a las clases económicamente privilegiadas y políticamente dirigentes”.9 Es más, el niño masturbador, que tanto preocupaba a sus padres y a los médicos por las consecuencias que su acto podía producirle, no era el niño del pueblo -el futuro obrero-, sino que se trataba del niño burgués.

Con respecto a la segunda pregunta, Foucault no cree que la mecánica del poder haya sido la represión, la censura, la orden de silencio; sino todo lo contrario: una multiplicidad de discursos acerca de la sexualidad, “una fermentación discursiva que se acelero desde el siglo XVIII”10, cuya principal técnica fue la de la confesión. Una confesión que buscó siempre la producción de un saber verdadero.

En este punto, Foucault realiza una distinción esquemática de los procedimientos para producir la verdad del sexo, que son dos, enmarcados cada uno en una zona geográfica específica. En Oriente, un arts erotica donde “la verdad es extraída del placer mismo, tomado como práctica y recogido como experiencia”.11 En Occidente, una scientia sexualis que empleaba la confesión como la técnica a través de la cual era posible la producción de la verdad. Esta técnica que nació en la religión católica, cuya utilización era primero restringida al clero, luego extendida a los laicos a partir del Concilio de Letrán en 1215, que impuso la obligación de confesarse por lo menos una vez al año, fue recogida posteriormente por la ciencia -la pedagogía y la medicina primero, la psicología después- y fue difundida así sobre una esfera más amplia de la población. La sexualidad fue pensada como posible causa de varias enfermedades y, por lo tanto, debió llevarse a cabo una investigación detallada sobre esta que permitiera prevenir ciertos males. Una investigación médica basada en las confesiones de la gente.

La tercera pregunta que Foucault se hace se refiere a los discursos que sostenían la hipótesis represiva. ¿Buscaban estos denunciar un poder que se sostiene con mecanismos represivos para con la sexualidad con el fin de liberarla; o bien, ellos mismos eran discursos de poder que se servían de la hipótesis represiva para ocultarse tras ella? Foucault, explica con respecto a esto como el hecho de hablar del sexo, y de su represión, poseía un aire de trasgresión deliberada, y que quienes utilizaban este lenguaje hasta cierto punto se coloca fuera del poder y se estaban anticipando, aunque sea sólo un poco, a la libertad futura.12 Pero, ¿es esto así o es que pensar las cosas de esta manera les sirve a quienes sostienen la hipótesis represiva para ocultar los mecanismos de poder de los cuales se sirven y hacerse ver como los liberadores de un poder asfixiante? Foucault señala, también en este libro, como es la táctica de todo poder: se trata de enmascarar una parte de sí mismo, para que pueda ser tolerable y aplicable.13 Sin embargo, falta determinar de qué poder se trata. Dejemos esto para más adelante.

Hasta aquí estarían contestadas las tres preguntas que Foucault se hace al principio de este libro y que lo llevarían a rechazar la hipótesis represiva.

Ahora sí, adentrémonos en el cuarto capítulo de esta historia. Foucault define la sexualidad “como vía de paso para las relaciones de poder, particularmente densa: entre hombres y mujeres, jóvenes y viejos, padres e hijos, educadores y alumnos, sacerdotes y laicos, gobierno y población”.14 En el campo de estas diferentes relaciones de poder, se crean discursos atravesados por un sistema de saber-placer. Esta vinculación entre poder, saber y placer puede ser entendida con dos sentidos bien diferenciados, pero no contradictorios. Por un lado, un sentimiento de constreñimiento a saber todo acerca del sexo; por otro lado, la creencia de que él puede decir algo de uno mismo que se desconoce. ¡Cuánta importancia tiene “este pequeño trozo de nosotros mismos”!

La sexualidad funciona como un poderoso instrumento del que se pueden servir variadas estrategias. En el siglo XVIII, podemos distinguir cuatro particularidades de la sexualidad que emplean diferentes dispositivos de saber y de poder. Foucault los define como: 1) “Histerización del cuerpo de la mujer”; 2) “Pedagogización del sexo del niño”; 3) “Socialización de las conductas procreadoras”; y 4) “Psiquiatrización del placer perverso”.15 A estas cuatro estrategias, le corresponden cuatro figuras, que son los objetos privilegiados de conocimientos para cada uno de esos saberes: 1) la histérica; 2) el niño masturbador; 3) la pareja malthusiana; y 4) el perverso, respectivamente.

Si, como ya dijimos anteriormente, es necesario deshacerse de la tradicional concepción jurídica y negativa del poder por ser inadecuada para responder los interrogantes que surgen del estudio de la sexualidad humana, ¿qué concepciones de poder serán entonces las que se aplican en este campo de la sexualidad?

Entre los siglo XVII y XVIII nacieron dos formas de poder que atravesaron la sexualidad. Una técnica disciplinaria del poder, una anatopolítica que se centró en el cuerpo individual, cuya técnica principal fue la de la vigilancia; y un poder regulatorio aplicado a otro cuerpo, que ya no es el del hombre individual, sino el de la especie, y que se desarrolló con la aparición del concepto de población. Esta última forma de poder, esta biopolítica de la población, que ejerció el derecho de hacer vivir, se sostuvo sobre dos ciencias: la estadística, que determinaba las tasas de natalidad, mortalidad, longevidad, etc, y la medicina, que se ocupaba de las enfermedades endémicas que, instaladas en la población, van debilitando poco a poco sus fuerzas.

A partir del recorrido realizado hasta el momento, podemos decir que la sexualidad no pertenece al orden de lo biológico, sino que se constituye históricamente. No se puede enmarcar en el orden de la ley y lo jurídico, sino que pertenece al sistema de la norma y no puede ser entendida sin ponerla en relación con el poder que la regula, es decir aquel que busca normalizarla. Este poder toma dos formas: un poder que se constituye a través de técnicas disciplinarias aplicadas a un cuerpo y un poder regulatorio y biopolítico que se aplica al conjunto de la población.

La problemática del niño masturbador según Foucault

Como ya dijimos en el apartado anterior, el análisis de Foucault es innovador porque invierte el abordaje más común del tema de la sexualidad que la colocaba del lado de la censura y la represión, para tratarla como una historia de la confesión, de la obligación a hablar y de comunicarlo todo. Uno de los discursos que analiza Foucault es el que se realiza acerca de la masturbación infantil durante los siglos XVIII y XIX. Foucault dedica todo una clase a este tema en el curso que dictó durante el ciclo lectivo de 1974-1975 en el Collège de France. Curso que luego se publico como libro: Los anormales.16

Foucault dice que en el SXVIII, la masturbación cobró otro significado que el que tenía anteriormente y comenzó a aparecer en el discurso médico de la época, que trataba de exterminarla. Foucault comenta, en principio, una hipótesis bastante simple ideada por Van Ussel –similar en verdad con la hipótesis represiva comentada en el apartado anterior-, que intentó explicar el cambio que se produjo en cuanto a la noción de masturbación, masturbación que comenzó a ser entendida a partir del siglo XVIII como un problema. Esta hipótesis expresa lo siguiente: en la sociedad capitalista, el cuerpo, hasta entonces sede de placer, se prestó a la cadena productiva y, a partir de entonces, fue necesario reprimir toda actividad sexual que debilitara el cuerpo del individuo. Foucault piensa que aceptar esta hipótesis, supone pensar que toda la sexualidad de la clase obrera adulta se vio afectada por la represión. Sin embargo, dice que esto no sucedió de esta manera: la “cruzada” iba sólo contra la masturbación y no contra toda la sexualidad, además no afectaba a la clase trabajadora, sino que su principal foco fueron los niños burgueses.

Foucault define dos momentos de esta “campaña antimasturbatoria”. El primero, comienza a principios del siglo XVIII con la publicación de una serie de libros que hablaban acerca de la masturbación y sus consecuencias. El discurso que se formuló fue peculiar porque, por lo general, no estableció ningún vínculo entre la masturbación y la sexualidad y menos aún con la búsqueda de placer. Tampoco fue, como podría haberse pensado, una cruzada moral, que tratara de culpabilizar a los niños por su pecado, sino que más bien buscaba prevenirlos sobre las secuelas que esta práctica conllevaría. En definitiva buscaba cuidar de su salud. La somatización de la masturbación se produjo de tres formas distintas: 1. la masturbación como causa de una enfermedad absoluta que comprendía muchos síntomas; 2. la masturbación como etiología de algunas enfermedades; y por ultimo 3. La masturbación como aquello sobre lo que los médicos instaban a escribir a sus pacientes, un relato de los padecimientos que ella producía.

A finales del siglo XVIII y principios del XIX las cosas cambiaron: ahora sí existía una conexión entre masturbación y sexualidad y sobre todo, entre masturbación y autoerotismo. Gracias a este vínculo, se pudo establecer una nosología más clara de las enfermedades que ella provocaría. Y como última diferencia con la etapa anterior, se hizo responsable al enfermo de sus actos, aunque no culpable. Culpable era el adulto que no controlaba ni vigilaba las conductas de sus hijos y que dejaba a su cuidado a extraños –criados, gobernantas, tíos, etc.-, que pudieron haberlo incitado a realizar esas prácticas masturbatorias. De esta manera, se buscaba instaurar una nueva organización familiar, donde el vínculo padre-hijos fuera más estrecho.

Esta “familia-célula”, como la llama Foucault, se creó entonces a partir de la cruzada antimasturbatoria que se desarrolló durante los siglos XVIII y XIX. El papel que adquirieron los padres en la vigilancia permanente en búsqueda de cualquier indicio que pudiera revelar las prácticas indebidas de sus hijos, fue sólo una parte de esta campaña: se trataba del “control interno”. El “control externo” perteneció al orden médico. Cuando los padres descubrían alguna de estas prácticas dañinas para la salud de sus hijos, era necesario que interviniera el médico. La confesión del niño masturbador debía ser realizada al médico y no al padre. Pero para que ello se produjera, era necesario que el niño reconociera que estaba enfermo y consintiera la aplicación de violentos tratamiento, que iban de cauterizaciones en los genitales hasta ablaciones de clítoris.

Foucault se pregunta de dónde viene y qué significa esta campaña; por qué la masturbación de pronto se transformó en un problema. La respuesta que brinda es la siguiente: con la cruzada y el pedido a los padres de que intervinieran, se buscó crear un determinado tipo de familia, más estrecho y cerrado, que permitiera más fácilmente la penetración de criterios políticos y morales que orientaran la educación. La cruzada antimasturbación es parte de otra cruzada más amplia: la cruzada de educación natural de los niños. Recordemos que la campaña antimasturbatoria estaba destinada a niños aristocráticos y burgueses, niño que en un futuro debían ser útiles para el Estado, por eso el Estado debía encargarse de su educación directa e indirectamente. Indirectamente porque la educación en los primero años de vida del niño se confiaba a los padres. Directamente, a través de las instituciones de educación estatal.


Aportes de Laqueur a esta problemática

Laqueur es autor del libro Sexo solitario Una historia cultural de la masturbación, publicado en 2003.17 Este libro cuenta la historia de la masturbación moderna. A diferencia de Foucault, ubica un origen preciso, un hito que marca un antes y un después en esta historia, a partir del cual surgió la concepción moderna de la masturbación: este es la publicación del tratado Onania alrededor del año 1712. En este texto [cuyo título completo es Onania; o, el atroz pecado de la autopolución y sus terribles consecuencias, indagando en ambos sexos, con consejos espirituales y físicos para aquellos que se han dañado con esta abominable práctica. Y una provechosa admonición a la juventud de la nación de ambos sexos], se inventó una nueva enfermedad y una forma de generar culpa y vergüenza. El autor de Onania creía que la práctica masturbatoria era extensamente practicada por la gente a causa de la ignorancia que existía sobre esta cuestión y el desconocimiento de sus terribles consecuencias. El texto buscaba concientizar acerca de los problemas físicos que conllevaría la práctica autoerótica a la gente en general; pero, sobre todo, fue una advertencia a los padres para que cuidaran a sus hijos de este “atroz pecado”. Relacionó la masturbación con el personaje bíblico Onán, cuyo acto fue en verdad el coitus interruptus más que una practica masturbatoria. Las prácticas sexuales de Onán, pecados contra Dios, lo condujeron a su muerte. Este sería el mismo destino -según el autor de Onania- para todos aquellos que practicaban la masturbación. No era Dios en este caso quien pone fin a la vida; era la naturaleza, que, afectada, debilitaría al pecador.18

Otra diferencia que observamos entre Foucault y Laqueur es que mientras el primero no opinaba que haya habido un fuerte componente moral en la campaña contra la masturbación del SXVIII, Laqueur dirá:

La masturbación moderna es profana. No sólo consiste en algo que supuestamente convierte a quienes la practican en seres exhaustos, enfermos, locos o ciegos, sino también es un acto con serias implicaciones éticas.19

Ubica a la medicina del lado de la moral, la define como “una suerte de ética de la carne”.20 En el siglo XVIII, la cuestión moral ya no se pensaba del lado religión y lo divino, sino que se empezó a fundar en la naturaleza. Comenzó a ser enseñada en las escuelas y perteneció al área médica y pedagógica. Por eso, la masturbación como enfermedad tuvo también un fuerte sentido ético.

Laqueur se pregunta por qué no habiendo sido la masturbación un problema durante milenios, se transformó en uno a partir del SXVIII y más precisamente con la publicación de Onania, primer texto de una serie que trataría la cuestión de la masturbación desde una perspectiva médica. “¿Qué se tornó tan amenazante en la masturbación en los albores del Iluminismo?”.21

Una de las posibles hipótesis, pero que el autor enseguida descarta, es que haya habido a partir del siglo XVIII un importante incremento de la masturbación, obligando a la medicina a intervenir. Este aumento pudo haber sido producto de una búsqueda de satisfacción que no se obtenía de otras prácticas sexuales por estar reprimidas. Esta hipótesis está basada en una suposición, pues no hay manera de saber si hubo o no un auge en la masturbación a partir del siglo XVIII. Además, si así hubiese sido, esto no explicaría porque se convirtió en un problema.

Tampoco fue debido a una campaña de “neo-ascetismo” que buscara prohibir todas las prácticas sexuales cuyo único fin fuera la obtención de placer, en un intento por reducir la sexualidad a la procreación. Pero, como dice el autor, “el problema de la masturbación no era que consistiera en una especie de placer sino que no lo era” (en este punto coincide con Foucault). La masturbación no traía placer sino enfermedad.

El sexo solitario fue considerado antinatural por tres razones:

  1. No era motivado por un objeto real, sino por una fantasía. Amenazaba entonces con desplazar algunas facultades de la mente que también tenía que ver con el fantasear: la imaginación, la creatividad, la sublimación.

  2. Era una actividad solitaria y privada, a diferencia de las otras prácticas sexuales. Cuando era social, era perversa, por ejemplo, cuando los mayores incitaban a realizar esta práctica a niños pequeños.

  3. La urgencia por masturbarse no podía ser aplacada ni sofrenada y, por lo tanto, llevaba al exceso y a la adicción.

Laqueur explica como

La masturbación se convirtió así en un vicio de la individualización en un mundo en que se había resquebrajado todas las fortalezas contra el deseo; apuntaba a un abismo del solipsismo, anomia y libertad socialmente irrelevante que parecía contradecir el ideal de autonomía moral.22

Volvamos a la pregunta que se hace el autor: ¿cuál es la razón por la cual la masturbación devino un problema a comienzos del siglo de las luces?

El autor responde esta cuestión de la siguiente manera: la masturbación se transformó en un problema, dice, porque

…representaba en el cuerpo, algunas de las tensiones más profundas de la nueva cultura de mercado; el sexo solitario era a la sociedad civil lo que la concupiscencia había sido para el poder cristiano.23

Y prosigue de la siguiente manera:

La masturbación era parte de algunas de las principales virtudes de la sociedad y las transformaba en males; era el perfil oscuro de un nuevo orden social y cultural al que parecía amenazar en su núcleo central.24

La lucha contra la masturbación, contra ese “vicio solitario”, estaba enmarcado en una lucha mayor, política y económica: la de los progresistas del SXVIII, que buscaban crear una ética del autogobierno.


Freud y su concepción acerca de la masturbación

¿Se puede pensar a Freud como uno de estos médicos encarnizados contra la masturbación, que en la lucha contra esta estaban dispuestos a aplicar toda serie de atrocidades? ¿Es Freud un ejemplar más de esta serie de médicos preocupados por las enfermedades en las que puede derivar la práctica masturbatoria?

Foucault no lo menciona entre la larga lista de médicos que realizaban la campaña antimasturbatoria de los siglos XVIII y XIX, por lo que podemos suponer que no lo consideraba parte de esta “horda médica”. Por su parte, Laqueur dice que, aunque Freud no haya pertenecido a este conjunto de médicos preocupados por las consecuencias que el “vicio solitario” podía acarrear, sí se vio influenciado por este pensamiento. Explica esto de la siguiente manera:

Freud y su círculo debatieron apasionadamente si el onanismo causaba daños físicos y si era genéricamente peligroso (…); pero todos los padres fundadores del psicoanálisis y sus sucesores coincidieron en que era muy importante para comprender la historia del yo y de su lugar en el orden social.25

Freud, en su texto “Sobre la justificación de separar de la neurastenia un determinado síndrome en calidad de ”, publicado en 1894, clasifica todos los síntomas y las causas de las neurosis actuales. Dentro de la etiología de la neurastenia aparece la masturbación. Dice Freud:

Los que son neurasténicos a consecuencia de la masturbación sucumben a una neurosis de angustia tan pronto como abandonan su variedad de satisfacción. Estas personas se han vuelto particularmente incapaces de tolerar la abstinencia.26

Laqueur explica que “El Freud de la década del 1890 –e incluso posterior- sostenía posiciones convencionales acerca de los efectos enfermizos de la masturbación.”27, pero que luego cambia esta postura.

Hay que tener en cuenta que el texto que hemos citado de Freud es uno de los primeros de su extensa obra y que, posteriormente, cuando desarrolla más sobre las psiconeurosis de defensa, esta concepción de la masturbación cambia. El autoerotismo infantil se vuelve universal y constitutivo de la psiquis humana. También vinculará la masturbación con el sentimiento de culpa, la represión y la fantasía.


Conclusiones

Foucault y Laqueur buscan contestar la siguiente pregunta: ¿por qué la masturbación fue entendida como un problema a partir del SXVIII? Para responderla, ambos autores realizan una historia de la masturbación alternativa a la tradicional y dan una respuesta innovadora. Uno relaciona la masturbación y su discurso con las técnicas de poder; el otro, con una ideología que se estaba fundando y una nueva forma de entender la política.

Son maneras distintas de pensar un tema que se presenta, a primera vista, oscuro. ¿Por qué esa persecución de pronto contra las prácticas masturbatorias por parte de la medicina cuando tiempo antes la masturbación no había tenido tal connotación negativa? ¿Por qué en ese momento?

Son dos de las tantas hipótesis que se han pensado y se pensarán. El tema no está resuelto. La historia siempre puede pensarse y repensarse.


Bibliografía

FOUCAULT, Michel: Historia de la sexualidad. Tomo I. 2° ed., Buenos Aires, Siglo XXI, 2008

FOUCAULT, Michel: Los anormales. Clase del 5 de marzo. 1° ed., Buenos Aires, Fondo de cultura económica, 2000

LAQUEUR, Thomas: Sexo solitario. Una historia cultural de la masturbación. “Introducción”, “El problema con la masturbación” y “Por qué la masturbación se convirtió en un problema” 1° ed., Buenos Aires, Fondo de cultura económica, 2007

FREUD, Sigmund: “Cap. III. Primeras aportaciones a la teoría de las neurosis. 6. La neurastenia y la : sobre la justificación de separar de la neurastenia cierto complejo de síntomas a título de ” en Obras completas. 1° ed., Madrid, Ed. Biblioteca Nueva, 1967, Tomo I.



1 Trabajo presentado en el marco del seminario de grado “Cristianismo y sexualidad. Michel Foucault: la “carne”, la castidad y la confesión; las poseídas y las histéricas.”, dictado por Hugo Vezzetti con la colaboración del Lic. Mauro Vallejo. Cátedra I de Historia de la Psicología, Facultad de Psicología, UBA, 2do cuatrimestre de 2010.

2 Michel Foucault: Historia de la sexualidad. “Dispositivo de la sexualidad”. 2° ed., Buenos Aires, Siglo XXI, 2008

3 Entrevista a Michel Foucault, “El sexo como moral”, Le nouvel observateur, junio 1984

4 Entrevista a Michel Foucault, “las relaciones de poder penetran en los cuerpos”, Les rapports de pouvoir passent á lìnterieur des corps. La Quinzaine Littéraire, nº 247, 1977

5 Ibid.

6 Ibid.

7 FOUCAULT, Michel: Historia de la sexualidad. La voluntad del saber. 2° ed., Buenos Aires, Siglo XXI, 2008, pág. 12

8 Ibid. Pág. 15 y 16

9 Ibid. Pág. 115

10 Ibid. Pág. 20

11 Ibid. Pág 57

12 Ibid. Pág. 12

13 Ibid. Pág 83

14 Ibid. Pág 99

15 Ibid. Pág 100 y 101

16 FOUCAULT, Michel: Los anormales. Clase del 5 de marzo. 1° ed., Buenos Aires, Fondo de Cultura económica 2000

17 LAQUEUR, Thomas. Sexo solitario. Una historia cultural de la masturbación.1° ed., Buenos Aires, Fondo de cultura económica, 2007

18 Ibid. Pág. 17

19 Ibid. Pág. 15

20 Ibid. Pág. 19

21 Ibid. Pág. 24

22 Ibid. Pág. 254

23 Ibid. Pág. 297

24 Ibid

25 Ibid. Pág. 20

26 FREUD, Sigmund. “Cap. III. Primeras aportaciones a la teoría de las neurosis. 6. La neurastenia y la : sobre la justificación de separar de la neurastenia cierto complejo de síntomas a título de ” en Obras completas. 1° ed., Madrid, Ed. Biblioteca Nueva, 1967, Tomo I.

27 LAQUEUR, Thomas. Sexo solitario. Una historia cultural de la masturbación.1° ed., Buenos Aires, Fondo de cultura económica, 2007, Pág. 451

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