Función: Formación de Recursos Humanos




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10. DE LA ORACIÓN COMPUESTA AL PÁRRAFO



La mejor manera de realizar el plan es escribir cada idea principal en una oración, simple o compuesta.

Las ideas secundarias de una idea principal pueden convertirse en oraciones secundarias de una oración principal. Pero pueden, también, escribirse como una oración aparte, cuidando, eso sí, de que quede clara su relación con la idea de que son secundarias o complementarias, que es lo mismo.

Hay ocasiones en que una idea no alcanza a decirse en una oración, por más que se la haga muy compleja. Entonces a esa oración compleja hay que unir otra u otras oraciones. Estas oraciones solo se yuxtaponen; de allí su nombre: oraciones yuxtapuestas. Su relación con aquella a la que se yuxtaponen no es sintáctica sino semántica -es decir, de sentido-.

Hemos pasado entonces de la oración compuesta a un bloque idiomático mayor, que es el párrafo.

El párrafo puede considerarse la unidad fundamental de escritura. Todo lo que se escribe se escribe en párrafos.


¿Qué es el párrafo?


La noción de párrafo no pertenece a la gramática; pertenece a la escritura.

Su definición, por ello, no se hace en términos gramaticales, sino de funcionalidad en la escritura.

Párrafo es cada una de las partes mínimas de un texto escrito; es decir, cada uno de los bloques a través de los cuales avanza un texto, o, lo que es lo mismo, cada uno de los bloques en que se divide un texto.

Materialmente, visualmente, párrafo es lo que va desde un comienzo en línea aparte hasta un punto aparte.

(Las únicas líneas que la gramática de la Academia –el "Esbozo"- dedica al párrafo son estas: "En la escritura, se le llama... punto y aparte (o punto aparte), cuando termina párrafo, y el texto continúa en otro renglón más entrado o más saliente que los demás de la plana". Esbozo, 1.8.5. f 1).

Según esto, en rigor, el párrafo puede coincidir con una sola oración, y hasta con una oración simple.

En lo que acabamos de escribir, de los tres últimos párrafos, el primero (que comienza por "Materialmente") y el tercero (que comienza por "Según esto") son una sola oración simple.

Pero un párrafo puede ser también extenso, y muy extenso. Libros largos, de materias complejas, destinados a buenos lectores, suelen tener párrafos largos, formados por numerosas oraciones.

Como ejemplo de párrafo extenso, véase este de Octavio Paz, el mexicano, flamante premio Nóbel de literatura, en su magnífico ensayo "Los hijos del limo":

El adjetivo subdesarrollado pertenece al lenguaje anémico y castrado de las Naciones Unidas. Es un eufemismo de la expresión que todos usaban hasta hace algunos años: nación atrasada. El vocablo no posee ningún significado preciso en los campos de la antropología y la historia: no es un término científico, sino burocrático. A pesar de su vaguedad intelectual -o tal vez a causa de ella-, es palabra predilecta de economistas y sociólogos. Al amparo de su ambigüedad se deslizan dos pseudoideas, dos supersticiones igualmente nefastas; la primera es dar por sentado que existe solo una civilización o que las distintas civilizaciones, pueden reducirse a un modelo único, la civilización occidental moderna; la otra es creer que los cambios de las sociedades y culturas son lineales, progresivos y que, en consecuencia, pueden medirse. Este segundo error es gravísimo: si efectivamente pudiésemos cuantifícar y formalizar los fenómenos sociales -desde la economía hasta el arte, la religión y el erotismo-, las llamadas ciencias sociales serían ciencias como la física, la química y la biología. Todos sabemos que no es así.

Un párrafo puede ser tan extenso como este -en el que el escritor ha metido todo lo que piensa de la palabra "subdesarrollado"-, pero, sea cualquiera su extensión, ha de cumplir una exigencia esencial y elementalísima: debe tener unidad. Cuando un párrafo no tiene unidad, deja de ser un párrafo: son varios párrafos, artificial y hasta violentamente pegados.

La unidad del párrafo no es gramatical. La unidad de la oración es gramatical: un sujeto y un predicado unidos sintácticamente; las oraciones subordinadas -cuando las hay- relacionadas mediante nexos gramaticales. La unidad del párrafo -donde, como lo acabamos de ver, puede haber varios sujetos con sus propios verbos- es lógica, semántica. Cuestión del sentido. Pero debe haber esa unidad y debe sentírsela.

Mientras más largo y complejo el párrafo, mayor debe ser su unidad.

(Y el redactor debe acudir a recursos que afirman esa unidad, a la vez que la hacen sentir al lector. Por ejemplo, en el párrafo de Paz, cuando introduce una oración por "Este segundo error", une esta oración con lo dicho poco antes de que en la palabra "subdesarrollado" hay "dos pseudoideas").

Y ¿qué hacer con el párrafo sin unidad?

Debe ser convertido en dos o más párrafos. Tantos cuantos hayan sido pegados artificialmente. Véase esta falta de unidad en el texto de un principiante:

Cada época ha puesto marcado énfasis en la represión de la sociedad, al privar de la libertad a los individuos, con ligerísimas variantes, pero con privación de la libertad cuando se transgredí una norma jurídica que está amenazada con una pena. En nuestro país, lo frecuente es la delincuencia y quienes la materializan frecuentemente son personas que llevadas de una necesidad vital de supervivencia necesitan alimentación, vestuario, vivienda, siendo estos los conflictos resultantes del sistema que nos delimita, el que origina la desviación de cada individuo.

Este texto -que, por increíble que parezca, pertenece a un comunicador social- es, salta a la vista, desastroso. La persona que lo escribió debería comenzar por aplicar lo de nuestro capítulo 3: para escribir bien, lo primero es pensar bien. Es decir, poner en orden las ideas y clarificarlas suficientemente. Por lo que hace a la materia que estamos tratando, aquí hay dos párrafos mal soldados: el primero comienza en "Cada época"; el segundo debió haber comenzado en "En nuestro país". El primero se refiere a la represión con privación de la libertad al transgresor de una norma penada; el segundo trata de las causas profundas de la delincuencia en nuestro país.

El párrafo debe tener unidad; pero, además, debe estar bien construido. Un párrafo mal construido queda desarticulado. Se vuelve confuso.

La buena construcción es exigencia común a la oración y al párrafo. (Aunque ya sabemos que la construcción de la oración es sintáctica, gramatical, y la del párrafo es más bien lógica y semántica).

Este capítulo se tituló "Para escribir bien, hacer buenas oraciones y buenos párrafos". Al llegar a su final, vamos a dar la última clave para resolver el problema de hacer buenas oraciones y párrafos, el más importante para quien quiera escribir bien: ¿Cómo construir buenas oraciones y párrafos? La vamos a dar, para destacarla, en un recuadro. Después ilustraremos con ejemplos cada uno de esos puntos.


¿Como construir buenas oraciones y párrafos?


Para que nuestras oraciones y, sobre todo, nuestros párrafos sean buenos, importa cuidar:

  1. Que tengan todos los elementos necesarios.

  2. Que no tengan nada sobrante, inútil.

  3. Que cada pieza esté bien hecha.

  4. Que cada pieza esté en su sitio.

  5. Que las piezas estén unidas por buenos enlaces. (Y, cuanto más largo y complicado sea un párrafo, mejores deben ser los enlaces; sobre todo los que refuerzan su unidad).

Ejemplos de anomalías contrarias a estas leyes elementalísimas.


1. FALTA ALGÚN ELEMENTO NECESARIO


En un matutino de Guayaquil se podía leer el 20 de diciembre de 1985:


En el salón principal de la Biblioteca Municipal de Guayaquil, el Lcdo. Elías Muñoz Vicuña, reconocido intelectual guayaquileño y Miembro de la Academia de Historia, explicó a una selecta concurrencia a través de una conferencia sobre "La personalidad del Prócer venezolano y precursor de la independencia americana, Francisco de Miranda".


¿Halló el lector lo que falta? Si no lo halló, mala cosa...

Este párrafo tiene lo siguiente:


  1. Un complemento circunstancial de lugar: "En el salón principal de la Biblioteca Municipal de Guayaquil".

  2. Un sujeto: "El Lcdo. Elías Muñoz Vicuña".

  3. Un modificador del sujeto, aposición: "reconocido intelectual guayaquileño".

  4. Otro modificador del sujeto, también en aposición: "Miembro de la Academia de Historia".

  5. Un verbo: "explicó".

  6. Un complemento indirecto; "a una selecta concurrencia".

  7. Otro complemento circunstancial: "a través... Miranda"


Lo que faltó fue el complemento directo: "explicó", ¿pero qué fue lo que explicó?

La presencia del complemento directo es una exigencia característica de nuestra lengua. Cuando se trata de un complemento directo ya enunciado en una oración inmediatamente anterior, se puede acudir, para no repetirlo, a un pronombre enclítico:

Véase este párrafo de un matutino quiteño de 13 de abril de 1990:


La intervención de Pablo Martín Berrocal fue preparada con la debida anticipación. La oficina de José Luis Bruzzone, abogado de la familia, se encargó de comunicar a los periodistas en la tarde del martes con el fin de que acrediten su identidad en la Embajada de España.


"Se encargó de comunicar" ¿qué?

Si no se quiere repetir un grupo ya dicho, hay que acudir al pronombre enclítico: "se encargó de comunicarlo". El "lo" es ese complemento directo que la oración en español reclama como pieza que no puede faltar.


2. SOBRAN COSAS


En un matutino quiteño, 6 de agosto de 1986, se leía:


... en el "affaire" estarían presuntamente involucrados no solo altos directivos de esa institución sino, también, hay otros altos funcionarios del Estado...


Sobra -y, por ello mismo, estorba- el "hay". La construcción correlativa lo hace perfectamente inútil. Lo correcto era:


no solo altos directivos de esa institución sino, también, otros altos funcionarios...


El "también", aunque, no estrictamente necesario, no es inútil e incorrecto como el "hay": pertenece a la redundancial periodística, que es normal y legítima.


3. HAY PIEZAS MAL HECHAS


También es caso de la prensa nacional, y reciente:


La investigación estuvo a cargo de Cristina Borja, Sergio Lasso y el apoyo de siete técnicos ecuatorianos...


La pieza mal hecha "y el apoyo".

Rehecha: "y contó con el apoyo de siete técnicos ecuatorianos".


4. PIEZAS MAL COLOCADAS; DISLOCADAS


Llueven en nuestros periódicos casos de la oración de relativo descolocada: debe ir junto al sustantivo al que modifica:


El primero, Aldomario Bittencourt, tuvo que salir por bajo rendimiento, quien solo actuó hasta la segunda etapa.


Debió ser:


El primero, Aldomario Bittencourt, quien solo actuó hasta la segunda etapa, tuvo que salir...


Pero por otros lados también damos con piezas dislocadas. En "Tribuna Alemana" (23 de mayo de 1990):


Su actividad comercial es la de hacer transacciones de importación y exportación de artículos de regalo, juguetes, encendedores, teléfonos, artículos de pasatiempo electrónicos, pero no se han dispersado por la calle para vender algo, como hacen otros en el llamado "mercado polaco", situado entre la Filarmónica y la Plaza de Potsdam de Berlín, sino comprar.


La pieza dislocada es ese "sino comprar" que cae en ese final tan sola, que obliga al lector a retroceder líneas –nada menos que tres-, para ver con qué se une. Si la pieza hubiera sido "sino para comprar", el párrafo habría ganado en construcción.


5. MALOS ENLACES


Otro matutino porteño (ninguno de los que nos han provisto ya de estos "preciosos" ejemplos) traía (9 abril 1984):


Para la segunda parte del match, alrededor del minuto 65, los uruguayos mostraron agotamiento, donde primaron los 2.800 metros de altura en que se encuentra la capital ecuatoriana.


"Donde" no tiene nada que hacer allí como enlace entre "los uruguayos mostraron agotamiento" y la causa de ese agotamiento -los 2.800 metros de altura de Quito-.


Notemos que algunas veces muy buen enlace puede ser un signo de puntuación sin más:

Los uruguayos mostraron agotamiento: primaron los 2.800 metros...


(De paso, ese "primaron" es horrible; pero en este capítulo lo que nos ocupa es la construcción. Con todo, cabe notar cuánto mejor habría sido: "los 2.800 metros de altura de la capital ecuatoriana comenzaban a hacer sentir su efecto").


Una última "perla" de estos enlaces que, más que enlazar, enredan:


En poco tiempo, la danza, fusionada a otras expresiones artísticas, aquí en Guayaquil se ha deslizado hacia otras vertientes, gracias al entusiasmo y la tenacidad de algunos y que, indudablemente, refresca el panorama, inquieta a muchos, invita al diálogo...


¡Qué desastre de enlace ese "y que"! Un enlace así basta para desarticular cualquier párrafo, y más uno tan largo como ese (le hemos ahorrado al lector su segunda mitad).


11. LA CONCORDANCIA


La labor literaria de los autores presentados no reúnen los méritos suficientes


la labor - no reúnen

(singular) (plural)


Estas son las equivocaciones de concordancia. (Frecuentísimas: no hay día en que la prensa nacional no tenga alguna o algunas).


Hemos dicho ya, en el lugar en que analizamos esa equivocación, que la concordancia es la exigencia gramatical primerísima y básica de una buena construcción de la oración.

¿Qué dice la gramática de la concordancia?

No puede ser más simple:



La concordancia es en nuestra lengua la igualdad de género y número entre adjetivo o artículo y sustantivo, y la igualdad de número y persona entre el verbo y su sujeto

(Esbozo 3.6. l.b.).



Para no equivocarse en cosa tan elemental, hay que poner atención, sobre todo en oraciones de alguna complejidad, en que el núcleo del sujeto cae un tanto lejos del verbo, en que el sustantivo núcleo del sujeto impone el número del verbo. No perder nunca de vista en nuestras oraciones la relación núcleo del sujeto-núcleo del predicado, que es el nervio del funcionamiento de la oración.

Hay, con todo, algunos pocos y raros casos especiales que dan lugar a vacilaciones o permiten cierta libertad. Estos:


11.1. Sustantivos colectivos


Razón para dudar: los sustantivos colectivos tienen forma singular (ejército/ejércitos; rebaño / rebaños), pero, aun en el singular, su contenido es plural (ejército: muchos soldados; rebaño: varias ovejas). Entonces cabe dudar: ¿concuerdan con la forma singular o con el contenido plural?

¿Cómo decir:


el pueblo salió a las calles a protestar

o

el pueblo salieron a las calles a protestar?


A quienquiera que tenga algún instinto idiomático del español solo le suena normal la primera oración; la segunda resulta violenta.

De allí la norma de la gramática: "Cuando el sustantivo es un nombre colectivo y está en singular, el verbo se ha de poner en el mismo número" (Esbozo 3, 6, 5).


Pero se puede (se puede: no es necesario) usar plural en estos casos:


11.1.1. Cuando el verbo está a cierta distancia del colectivo:


Amotinóse la gente, pero a la primera descarga huyeron despavoridos.


Para que esto funcione. Bello exigía dos cosas:


  • que el colectivo y el verbo en plural no estuvieran en la misma oración, sino en dos; que el colectivo significase colección de personas o cosas de especie indeterminada.


11.1.1.2. Cuando el colectivo está modificado por un complemento con el que especifica las personas o cosas de que consta:


Una banda de músicos acompañaban el cortejo. Acerca de este caso, el Esbozo dice:


cuando el nombre colectivo venga determinado por un complemento en plural que indique las personas o cosas de que consta el conjunto, es muy común poner el verbo en plural (3.6.5-b) (Es muy común)


Y el Manual de Estilo de la Agencia EFE comenta:


Es mejor la mayoría de los soldados eran asturianos que la mayoría de los soldados era asturiana. En cambio, parece mejor, el resto de los presentes votó en contra que el resto de los presentes votaron en contra.

En realidad, la dificultad solo se presenta en esos casos, es decir cuando el colectivo lleva un complemento plural unido por de. En los demás, se impone la concordancia en singular: el matrimonio había abandonado...; la orquesta actuó...; la escuadrilla aterrizó. Y para aquellos casos dificultosos, proponemos que se establezca la concordancia en singular, siempre y cuando no produzca un resultado que repugne al instinto lingüístico ("la mayoría de los soldados era asturiana") (6.15).


11.1.1.3. Parte, resto, mitad y otros sustantivos semejantes pueden llevar verbo (y adjetivo) en plural (Esbozo 3.6.5. c):


De los 8.500 pesos que traes, más de la mitad se invertirían en tus misas.

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